viernes, 27 de agosto de 2010

Fieltro y fieltrar




Las ovejas esperan ser trasquiladas. Son ovejas del sur de Chile, desde Temuco y más allá que dan la exquisita lana corriedale. Son las ovejas corrial (corriedale). Su vellón es suave, puede ser peinado y da resultado a fieltros maravillosos. Sin embargo, más al sur se encuentran las ovejas de lana merino. Suave textura, blancura inigualable. Se encuentran en Magallanes y son 100% laneras.






Estoy analizando trabajar con esa lana. Aunque todas me entregan su belleza ¿Se puede describir el aroma de la lana cardada? ¿Las sensaciones que despierta el proceso de transformarla? En parte sí.






Cuando hueles la lana de la oveja, vuelve el campo a tu vida. Ves el sur, las vacas, los días nublados y el olor de la leña. Cuando trabajas la lana, viene a ti el pensamiento y la paz. Casi como una meditación, cual mandala, vas creando y amasando esas fibras naturales que tan generosamente han llegado a tu estación de trabajo.



Fieltrar es amar. Amar la textura que se esconde en el sacrificio de tus manos en la lavaza. Amar el resultado que dio ésta...resultado que muchas veces excede lo que habías soñado.



La lana tiene vida propia. Un tejido a palillo nos muestra una sincronía planificada con esmero. El fieltro nos muestra un tejido que ha vivido en nuestra cabeza, pero que respira por cuenta propia: el comportamiento de la lana nos sorprende...


Es una química maravillosa. La lana posee escamas microscópicas que se entrelazan. La creadora posee una idea. Surge algo nuevo. Una creación maravillosa.


El fieltro es múltiple, versátil. Es simplemente, una terapia adictiva y encantadora.

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